EL DIA DE LA MADRE TIERRA

Millones de personas en el  mundo celebran, hoy 22 de Abril, el Día de la  Tierra, fecha en la que se conmemora el nacimiento del movimiento que promueve la conciencia ambiental y que fue celebrado,  por primera vez, en 1970. La iniciativa  ha calado en el ciberespacio, donde las redes sociales y los blogs se han convertido en las principales tribunas de los ciudadanos  que  se han solidarizado con esta causa.


Insertamos,  a continuación,  un artículo de Leonardo Bof, reproducido, hoy, en el Blog  EL CIELO EN LA  TIERRA   con el titulo El Principio gana-gana



Si miramos el mundo como un todo, nos damos cuenta de que casi nada funciona como es debido. La Tierra está enferma. Y como, por ser humanos, también somos Tierra —hombre viene de humus—, nos sentimos asimismo en cierta manera enfermos.


Parece evidente que no podemos proseguir en ese rumbo, pues nos llevaría a un abismo. Hemos sido tan insensatos en las últimas generaciones que hemos construido el principio de autodestrucción, al que hay que sumar el calentamiento global irreversible. Esto no es una fantasía de Hollywood. Entre aterrados y perplejos, nos preguntamos: ¿cómo hemos llegado a esto? ¿Cómo vamos a escapar de esta situación global sin salida? ¿Qué colaboración puede aportar cada persona?

En primer lugar, hay que entender cuál es el eje estructurador de la sociedad-mundo, principal responsable de este peligroso itinerario. Es el tipo de economía que hemos inventado, con la cultura que la acompaña, que es de acumulación privada, de consumismo no solidario al precio de saquear la naturaleza. Todo se ha hecho mercancía para el intercambio competitivo. Dentro de esta dinámica sólo el más fuerte gana. Los otros pierden, o se agregan como socios subalternos o desaparecen. El resultado de esta lógica de competición de todos contra todos y de la falta de cooperación es la transferencia fantástica de riqueza para unos pocos fuertes, los grandes consorcios, al precio del empobrecimiento general.

Hay que reconocer que durante siglos, este intercambio competitivo ha conseguido abrigar a todos, mal que bien, bajo su paraguas. Creó mil facilidades para la existencia humana. Pero hoy, las posibilidades de este tipo de economía están agotándose como lo ha puesto en evidencia la crisis económico-financiera de 2008. La gran mayoría de los países y de las personas se encuentran excluidas. Brasil mismo no pasa de ser un socio subalterno de los grandes, para el cual se reserva la función de ser un exportador de materias primas y no un productor de innovaciones tecnológicas que le darían los medios de moldear su propio futuro. Todavía no nos hemos descolonizado totalmente.

O cambiamos o la Tierra
corre peligro. ¿Dónde buscar el principio articulador de otra forma de vivir juntos, de un sueño nuevo hacia delante? En momentos de crisis total y estructural debemos consultar la fuente originaria de todo: la naturaleza. Ella nos enseña lo que las ciencias de la Tierra y de la vida hace mucho nos están diciendo: la ley básica del universo no es la competición, que divide y excluye, sino la cooperación, que suma e incluye. Todas las energías, todos los elementos, todos los seres vivos, desde las bacterias a los seres más complejos son interdependientes. Una urdimbre de conexiones los envuelve por todas partes, haciéndolos seres cooperativos y solidarios, contenido mayor del proyecto socialista. Gracias a esta urdimbre hemos llegado hasta aquí y podemos tener futuro por delante.

Aceptado este dato, estamos en condición de formular una salida para nuestras sociedades. Hay que hacer de la cooperación, conscientemente, un proyecto personal y colectivo, cosa que no se vio en Copenhague en la COP-15
sobre el clima. En vez del intercambio competitivo donde sólo uno gana y los demás pierden, debemos fortalecer el intercambio complementario y cooperativo, el gran ideal del «bien vivir» (sumak kawsay) de los andinos, mediante el cual todos ganan porque todos participan. Hay que asumir lo que la mente brillante del Nóbel de matemáticas John Nesh formuló: el principio gana-gana, por el cual todos, dialogando y cediendo, salen beneficiados sin que haya perdedores.
Para convivir humanamente inventamos la economía, la política, la cultura, la ética y la religión. Pero hemos desnaturalizado estas realidades «sagradas» envenenándolas con la competición y el individualismo, desgarrando así el tejido social.

La nueva centralidad social y la nueva racionalidad necesaria y salvadora están fundadas en la cooperación, en elpathos, en el sentimiento profundo de pertenencia, de familiaridad, de hospitalidad y de hermandad con todos los seres. Si no realizamos esta conversión, preparémonos para lo peor.




CONFLICTOS CON LA PAREJA. Hablando con Zhao Laoshi


Huan Ji estaba preocupado. Aquella mañana, no conseguía centrarse en los ejercicios. Los repetía, maquinalmente, pero sin entrar en ellos. En el primer descanso que hicieron, aprovechó para obtener consejo de su maestro:



- Maestro, hoy estoy bajo de energía, perdóneme: acabo de tener una discusión con mi mujer. Quiero a mi pareja y ella también me quiere. Tenemos muchas cosas en común, pero no entiendo por qué discutimos tanto. A veces, cuando estamos solos, pasan horas, días incluso, sin que nos dirijamos una sonrisa, y, peor aún, sólo hablamos para culpabilizarnos el uno al otro de lo que hacemos mal.

- Ya he notado que te pasaba algo. En las discusiones se altera nuestra energía, nuestra frecuencia vibracional, nuestra armonía. En las relaciones de pareja, se produce algo paradójico. Cuando nos enamoramos, buscamos a alguien diferente a nosotros. Lo que más nos gusta de nuestra pareja son aquellas cosas de las que carecemos. Con el paso del tiempo, nos empeñamos en cambiarla, en hacerla como nosotros, en destruir la base de nuestro amor, precisamente. Pasa que que, donde antes veíamos una cualidad, ahora vemos un defecto. Y no es que haya desaparecido la cualidad que antes amábamos, no. Lo que ocurre es un cambio de óptica. Amábamos, por ejemplo, su decisión, y ahora nos parece una persona precipitada; o bien amábamos su serenidad, y ahora nos enerva su excesiva tranquilidad o pasotismo. 
Mi querido Huang, vivir en pareja tiene grandes ventajas, pero hay una muy especial: la pareja es el termómetro de nuestro crecimiento. La persona con la que compartimos nuestra vida se convierte en un espejo, donde nos vemos reflejados. Sí, proyectamos en el otro aquello de nosotros que no nos gusta, de forma que aquellos comportamientos de mi pareja que rechazo están reflejando lo que yo rechazo de mi mismo, y que está ahí dentro, sin que yo sea consciente de ello. Cuando quieras saber que es lo que no te gusta de ti mismo, mira a tu pareja y preguntate: ¿ qué es lo que menos me gusta de ella?. Ahí tienes la respuesta.

- Yo no se si en todos los casos ocurrirá lo mismo, pero es que mi mujer es...

- ¡ No sigas, por favor, no lo hagas!. Cada vez que tu dices a otros o a ella misma lo que tu crees que es, la estás convirtiendo en eso, precisamente, estás proyectando sobre ella una forma de ser que se convierte en realidad, que la esclaviza a ser así, hasta que tu la liberes. Por eso te he interrumpido, porque ibas a describirme como era tu mujer, con un pero delante, y he supuesto que no ibas a cantar sus cualidades, precisamente.

- Cierto. Siendo así, se lo agradezco. Pero, ¿ realmente es así ?. No acabo de entender que los defectos, conductas, comportamientos y formas de ser de mi pareja que me desagradan, que están ahí, que son objetivos, podríamos decir, las haya provocado yo.

- Sí. Es así. Y esto tiene una gran importancia. Mira, tenemos que partir de que nosotros somos quienes creamos nuestra realidad. Lo que llamamos real en sí no existe. Las cosas que nos rodean son creación nuestra y existen en función nuestra. Las cosas y las personas que nos rodean existen para nosotros y por nosotros. Son como nosotros las vemos. Nuestros ojos proyectan sobre los demás la luz de nuestra mente. Si miramos a alguien, con sonrisa en la mirada, proyectamos nuestro amor, creando un ser amable que nos devuelve ese amor, con otra mirada sonriente. Así comunicamos la energía entre nosotros, así crecemos en el amor. En cambio, cuando lo que se asoma a nuestros ojos o, aún peor, a nuestras palabras, son las sombras de nuestra mente, la negatividad, el reproche, las exigencias, creamos seres de sombra que nos devuelven esos reflejos. Y hasta que no libremos a esos seres, cosas o personas, criaturas nuestras, producto de la capacidad creadora de nuestra mente y de nuestro corazón, de las tinieblas en las que los hemos llamado a la vida, serán los compañeros de la parte más oscura de nuestro ser.

- Entonces, y perdone que vuelva al caso concreto, ¿soy yo el culpable de que mi pareja sea de una forma determinada o tenga unos comportamientos que me desagradan?. Esto es muy duro, maestro.

- Las palabras llevan consigo un lastre del uso que las dejan marcadas y, a veces, no significan lo que quisieran significar. Por eso no me gusta usar la palabra culpable. Prefiero usar la palabra responsable, con significado similar a causante. El responsable es el que responde por algo o por alguien, con independencia de su culpabilidad o no en un acto. Quiero decir que, con independencia de que seas consciente o no, tu eres el responsable, el causante, de sus comportamientos. Así debes asumirlo, si quieres iniciar el camino de su liberación.

- Sí, vale, lo asumo. Pero, ¿cómo hacerlo?. ¿Por dónde empiezo?.

- No existe una receta para su consecución rápida, como exige el tiempo en el que vivimos. Puedo orientarte, exponerte mis conocimientos, basados en mis experiencias y en las experiencias de mis mayores, y es posible que te sean útiles. Como te decía, el primer paso es el aceptar tu responsabilidad en su comportamiento, basada, por un lado, en que sus actos rechazables son proyecciones de lo que tu rechazas en ti, y por otro, en que los seres que nos rodean son creación nuestra. Al dar este primer paso, la estás liberando de responsabilidad en sus actos negativos hacia ti, y estás plantando la semilla de la compasión amorosa. Has iniciado un camino que no es fácil de recorrer, que puede resultar demasiado lento y dificultoso, y muy largo, sobre todo. Diríamos que estás dando tus primeros pasos hacia el amor incondicional: amar, a pesar todo, y por encima del desamor, incluso.

- Perdón, Laoshi, parece bonito y grandioso. Pero ¿qué hago si, a pesar de la aceptación de mi responsabilidad, sigue fastidiandome con sus exigencias, por ejemplo?.

- Recuerda, el exigente eres tu, no ella.

- Perdone, pero ella no sólo es exigente conmigo, lo es también con los demás, incluso con ella misma.

- Tu la ves exigente. Quizás los demás no. O puede que sí, pero con otras connotaciones diferentes, no con la negatividad con la que tu la recibes. En cualquiera de los casos, lo que te aseguro es que, en el momento en que tu dejes de verla como exigente, habrá dejado de serlo. Aún en el supuesto de que pudiera seguir siéndolo para otros, al no serlo para ti, habría desaparecido la negatividad de su exigencia, convirtiéndose en una persona tolerante. Sí, el milagro se producirá, justo en el momento en que tu te transformes en ese ser tolerante y sereno con el que sueñas y hacia el que te encaminas.

- Y entre tanto, mientras el milagro no se produce, ¿qué?.

- Los milagros los producimos nosotros mismos, a medida que tomamos consciencia de que somos seres de luz, de infinito poder, y vamos iluminando nuestros rincones más ocultos. Pero esa transformación exige una práctica constante, día a día, sin prisas por la consecución de la meta. Cuando meditas, en quietud y silencio, con tu mente y corazón armonizados, o cuando entras en la mística dinámica del Chi Kung y del Tai Chi, sincronizando tu ser, armonizándote con la naturaleza y canalizando la energía cósmica hacia ti, estás dando pasos agigantados hacia esa toma de consciencia. Llegará, no lo dudes. Cuando menos lo esperes, te sorprenderás a ti mismo mirando en positivo, viendo cualidades allí donde antes había defectos, proyectando tu energía amorosa y comprensiva sobre quien, antes, proyectabas exigencias, rencores o desprecios. Estás en el camino. Siéntete afortunado. Disfruta de tu práctica y déjate llevar por la energía que eres, por la luz que te inunda.

J L