EL ANCIANO SABIO


Erase, una vez, un hombre de 92 años, de cuidada presencia, que se encontraba en la recepción de una casa de ancianos, esperando. Su esposa, con solo 80 años, había fallecido, hacía poco tiempo.  

Después de esperar varias horas, alguien le anunció que su cuarto estaba preparado. Sonrió agradecido y, haciendo uso de su bastón, se encaminó lentamente hacia la entrada al ascensor, donde le esperaba, con sonrisa amable, la señorita que le iba a acompañar a su habitación. 
Durante el trayecto, la acompañante le describió su cuarto, incluyendo la hoja de papel que servía como cortina en la ventana. 
- ¡Me gusta mucho !, dijo, con el entusiasmo de un niño al que le entregan un ansiado regalo. 
- Señor, usted aún no lo ha visto, espere un momento, ya casi llegamos. 

- Eso no tiene nada que ver. Ya está decidido en mi mente que me gusta mi cuarto, y me gusta. Acostumbro a tomar mis decisiones positivas con antelación. Así, cada mañana, cuando me levanto, elijo la felicidad, por adelantado. Si me gusta o no el cuarto no depende del mobiliario o la decoración, sino de cómo yo decido verlo. 

- Bueno, pero puede haber algo que yo no le haya contado y que no sea de su agrado. Cuando lo vea...
- Jovencita, en la vida todo es cuestión de escoger. La vida es una constante elección. Y nuestra actitud lo determina todo. Por ejemplo, puedo pasar mi día en cama enumerando todas las dificultades que tengo con las partes de mi cuerpo que no funcionan bien, o puedo levantarme y dar gracias al cielo por aquellas partes que todavía trabajan debidamente. Para mi, cada día es un regalo. Mientras yo pueda abrir mis ojos, miraré el nuevo día, lleno de agradecimiento, y traeré todos los recuerdos felices que he construido durante mi vida. La vejez es como una cuenta bancaria: tu retiras, al final, lo que has depositado durante toda tu vida. 
- Me encanta su forma de mirar la vida, con esa sabiduría y serenidad. ¡ Cómo me gustaría, cuando sea mayor, ser como usted !

- Todo es muy sencillo -concluyó, pausadamente, mientras salía del ascensor-El secreto de aprender a envejecer consiste  en  aprender a disfrutar de lo que tienes. Yo lo he aprendido, y me va muy bien. Tu, hija mía, si quieres mi consejo, te diría que debes vivir tu vida, en cada instante, de forma plena y simple, en el presente. Conócete en profundidad, se consciente de quien eres, y disfrútalo. Ama y da sin cesar, sin esperar nada, pero no dejes de gozar, plenamente,  de todo aquello que la vida te brinda,  en cada momento.


La cuidadora se quedó mirando aquellos ojos envueltos en mil arrugas, pero vivos, transparentes,  jóvenes,  convincentes. Nunca olvidaría aquellas palabras y aquella sonrisa serena y confiada  que lo invadía todo. No pudo evitar recordar a su abuelo, a quien tanto había amado, y que dos conmovedoras lágrimas asomaran a sus ojos. Le dio un abrazo, tierno y efusivo, como queriendo atrapar para sí, y para siempre,  aquella forma de ser y de estar en la vida. 



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