QUÉ CULPA TIENE EL TOMATE...




Las alcachofas nunca han madurado en verano, como tampoco las berenjenas, el brécol o el cardo. Y por lo mismo el tomate nunca ha madurado en el mes febrero, ni siquiera en la zona del Mediterráneo, ni tampoco en los afortunados tiempos de nuestros abuelos.

 El tomate,como la berenjena, forma parte de la familia de las solanáceas y procede de Sudamérica. En su origen era una planta habituada tan sólo a los climas cálidos y húmedos durante todo el año. Para que crezca bien, necesita una temperatura de 15° C por la noche y 25° C durante el día. El tomate muere por debajo de los 2° C mientras que la berenjena deja de crecer por debajo de los 12° C. 

Y eso no es todo: el tomate necesita una exposición al sol muy prolongada. Sólo en esas condiciones pueden obtenerse buenos tomates. Pero, de todos modos, hay que tener paciencia: se necesitan de cinco a seis meses entre el sembrado y la primera cosecha. 

Los tomates de nuestros abuelos

Por lo tanto, está claro que los tomates de otras épocas eran mucho mejores que los que actualmente pueden encontrarse en el supermercado. Y ni siquiera había siempre, porque la temporada entonces era corta. Se disfrutaban sólo unas cuantas semanas, eran unos tomates dulces, jugosos, que se deshacían en la boca y cargados de nutrientes (en especial vitaminas y fitonutrientes, como el licopeno). 

Las variedades suculentas de otra época se pudrían tan rápido que había que comérselas prácticamente en el mismo día que se habían cogido; nunca se hubieran podido transportar en camión ni distribuirse en supermercados. Pero como tampoco podían comerse todos de golpe porque había demasiados, para no malgastarlos se ponían a secar o en conserva. 

Nadie esperaba encontrar tomates buenos en los mercados durante todo el año. Hoy en día los invernaderos climatizados e iluminados permiten que haya tomates de enero a diciembre. 

Pero a partir del momento en el que forzamos la naturaleza, sembrando tomates en invernaderos climatizados e iluminados con electricidad, ya poco importa que nos encontremos en Holanda o en Sicilia; en Cádiz o en Alemania: los tomates van a dejar de tener el sabor y la textura deliciosos de los que crecían sólo cuando debían hacerlo, por no hablar de las menores concentraciones de vitaminas y fitonutrientes. 


Por esta razón, todos aquellos que puedan deberían cultivar su propio huerto y producir sus propios tomates. En el fondo, es la única manera segura de tener unos tomates buenos. 



Una anécdota extraordinaria en cuanto a los tomates de invernadero

Los ingenieros agrónomos que desarrollaron los cultivos de tomates en invernadero, y en particular los cultivos sin sol, se dieron cuenta de que el rendimiento de los cultivos depende de la buena gestación de los tomates, es decir, de la buena formación de los frutos justo después de la flor. 

Cuantos más frutos se formen al inicio, más tomates habrá al final. Pero ¿de qué depende la gestación? De la polinización: cuanto mejor se fecundan los tomates, más frutos se forman, lo que parece bastante evidente. 

Pero ahí es donde nos adentramos en el terreno de la ciencia ficción. 

Y es que para favorecer la polinización en los invernaderos, los ingenieros han puesto en marcha métodos sofisticados, que permiten que las flores vibren y así se favorece la dispersión del polen. Y por eso han inventado unos vibradores eléctricos y sistemas de ventilación forzada... hasta que uno de ellos, hace poco, descubrió un método “nuevo”, que ha suplantado a todos los demás y es… ¡el abejorro! 

Los ingenieros han “descubierto” que los abejorros que liban las flores son más eficaces que los métodos mecánicos. Pero se han encontrado con un problema adicional, y es que este método obliga a reducir el uso de insecticidas. 

A falta de fecundación, la gestación se puede mejorar también tratando las flores mediante hormonas (auxinas). 

Así que, después de producir pollos hormonados, ahora también tenemos tomates hormonados... Vivimos en una época siniestra. 

El tomate es bueno para la próstata

El tomate contiene un pigmento que disminuye el riesgo de cáncer de próstata, el licopeno, y que asimilamos mucho mejor cuando hervimos los tomates enteros, con piel y pepitas, ya que la cocción libera los nutrientes al hacer estallar las células vegetales. Si opta por su consumo en crudo, es importante añadir algún tipo de grasa de calidad (aceite de oliva virgen, por ejemplo) ya que el licopeno es liposoluble y requiere de cierto aporte de grasa para mejorar su biodisponibilidad. 

El licopeno es un pigmento rojo de la familia de los carotenos que también encontramos en la sandía, la papaya, el pimiento rojo y el pomelo rosa, aunque en una cantidad mucho menor. También es un potente antioxidante. 

Se encuentre donde se encuentre de vacaciones, procure consumir las frutas y verduras de temporada y de producción local. Su paladar, y su salud, se lo agradecerán.


SOLTAR LASTRE




Menos es Más

Aligerar nuestra vida de objetos inútiles nos hará ganar espacio, tiempo y felicidad. No deberíamos ser esclavos de los artículos, ni comprar productos que no son necesarios.

De tanto en tanto, la prensa nos inquieta con el descubrimiento de alguna vivienda donde los ocupantes, generalmente personas mayores, han convivido con una cantidad ingente de objetos inservibles, cachivaches, periódicos acumulados, basura… Son personas afectadas por el síndrome de Diógenes. Son los casos más conocidos, pero los menos típicos. La mayoría de las personas se limitan solamente a acumular objetos que no utilizan. Por ello, los expertos prefieren emplear el término de "acumuladores compulsivos".

Las patologías suelen ser exageraciones de comportamientos "normales". Siempre hay algo en ellas donde el resto nos sentimos identificados. ¿Cuántos objetos hay en nuestra casa que nunca utilizamos? 

Los "por si acaso"

Tenemos muchos por si acasos. "Este vestido que no me puedo abrochar no lo tiro, por si acaso adelgazo"; "la vieja tostadora no la reciclo, por si acaso la nueva un día se estropea"; "conservo este papel tan bonito por si acaso un día lo necesito para envolver un regalo"…

"¿Cuántos objetos guardamos 'por si acaso'? Es ridículo, porque nunca los utilizamos o ni siquiera recordamos tenerlos"

Al final, utilizamos muy pocos objetos para ese hipotético futuro. Lo más ridículo de nuestro comportamiento por si acaso es que a veces llega el día en que realmente ese trasto nos puede ser útil, ¡pero no nos acordamos que lo tenemos! porque está escondido entre miles de bártulos. Entre ellos, algunos pertenecen a la categoría de recuerdos significativos que queremos que nos acompañen el resto de nuestras vidas. Ejemplo: las facturas de la luz del año en el que nos casamos. No es que sean muy románticas, pero si las encontramos en un cajón, nuestro corazón puede resistirse a tirarlas porque, de alguna manera, forman parte de nuestra vida.

Reflejo de nuestro estado emocional

Lo que acumulamos en casa es un retrato de nuestro estado emocional. Las personas que han pasado hambre tienen tendencia a guardar alimentos por si vuelven a vivir algo parecido. Guardar de forma exagerada pensando en el futuro puede indicar un cierto miedo difuso a lo que vendrá. Vivir rodeados principalmente de recuerdos del pasado puede surgir de una nostalgia muy profunda que nos impide disfrutar del presente.

El estado de nuestra casa refleja nuestro estado emocional. Hay personas que al pasar por una época de confusión ordenan sus hogares. Al hacerlo, ordenan sus ideas porque durante ese proceso deben tomar decisiones. Si tiramos ese vestido que hace años que no nos entra, estamos aceptando nuestro peso. Si para dejar espacio nos desprendemos de esa colección de revistas que tanto nos costó completar, estamos cerrando una carpeta para abrir otra nueva.

Hay personas que no se atreven con algunos cajones, ni los abren. Es como aquellos que tienen fobia a los ascensores, la terapia implica subirse a uno. Para algunas personas, arreglar un cajón puede ser tan terapéutico como para otras subirse a un ascensor. No podemos consentir que ningún cajón se resista.

Quejarnos por falta de espacio en nuestras viviendas es común. Desprendernos de trastos es una ganancia que a la mayoría nos irá bien. Ganaremos espacio y tiempo. Muchos de mis pacientes con dolor crónico, sobre todo mujeres, me cuentan que, como limpiar les aumenta el dolor, han decidido despejar las estanterías de adornos y quedarse con unos pocos. Sabia conclusión. No podemos ser esclavos de los ornamentos de nuestro hogar.

Desprendernos de los trastos inútiles

"El hombre más rico del mundo es aquel que puede renunciar a la mayoría de las cosas" (Rabindranath Tagore)

Randy Frost, psicólogo especialista en "acumuladores compulsivos", descubrió cómo estas personas suelen ser "hipersentimentales" en relación con sus bienes. Cada botón usado, cada bolígrafo vacío se siente como parte de la propia persona, de la propia historia. Tanto significado emocional poseen los objetos para ellos que se sienten imposibilitados para tirarlos.

A los que no sufrimos esta patología también nos cuesta tirar, porque un cachivache, para nosotros, es algo más. Por eso es útil pedir ayuda a algún amigo que nos haga ver que ese chirimbolo es inútil. Lo hizo Maruja Torres y compartió la experiencia en las páginas de este dominical: "Es lo que me dijo mi amigo N. cuando estuvo en casa ayudándome a desprenderme de lastre. -Nada como un cúter… Así que me senté a su lado y destruí parte de mis recuerdos, manías y agobios".

Tirar no es fácil

Tirar no es fácil porque tenemos que luchar con la ligazón emocional y enfrentarnos a nuestras tendencias más ancestrales. Acaparar es innato a la evolución humana. Nuestra supervivencia como especie se ha visto muy ligada a nuestra capacidad de conservar alimentos. Los neurólogos John Blundell y Jac Herberg demostraron que el instinto de acumulación se origina en las zonas cerebrales subcorticales, filogenéticamente más antiguas. 

Para desprendernos de objetos existen recursos mentales que nos ayudan. Una amiga me comentaba que cuando ponía orden a su armario, era tajante. Si una prenda de ropa no se la había puesto en dos temporadas, se deshacía de ella.

Trasladarse de vivienda suele ser la mejor oportunidad para hacer limpieza a fondo porque normalmente los criterios para tirar suelen ser más rotundos. No vamos a envolver algo, transportarlo, desenvolverlo y guardarlo de nuevo si realmente pensamos que no nos va a servir para nada. 

Otro recurso mental puede consistir en pensar que eso que para nosotros es un libro ya leído, un pantalón que no nos ponemos nunca, un juguete con el que nuestros hijos ya no tienen edad para jugar, puede alegrar a otras personas.

No adquirir objetos que no necesitamos

"Cuán numerosas son sin embargo las cosas que no necesito" (Sócrates, de paso por el mercado de Atenas)

No sirve desprendernos de objetos si al mismo tiempo adquirimos otros. Desgraciadamente, estamos programados para comprar. Pensamos que lo que está en el escaparate va a aumentar nuestra felicidad. Luego comprobamos que no, pero seguimos comprando empujados por esa sensación. El placer no se encuentra en el producto, sino en la misma conducta. Algunos estudios demuestran cómo se iluminan las áreas cerebrales ligadas a los circuitos de recompensa cuando vemos los objetos que compraremos.

Los casos más extremos son los compradores compulsivos, que adquieren constantemente cualquier tipo de artículo que no suelen ni estrenar y acaban arruinados. Se calcula que en España son unas 400.000 personas, mayoritariamente mujeres. Los que no somos compradores compulsivos podemos sentirnos identificados. Antes de quedarnos con algo, deberíamos preguntarnos: ¿realmente es necesario? ¿Cuánto espacio ocupará? ¿Supondrá tiempo su mantenimiento?

Otra pregunta indispensable es: ¿lo necesitamos o lo queremos para AHORA? Vemos un libro que nos parece interesante y lo compramos, pero resulta que ya hemos adquirido muchos de esta forma y lo ponemos encima del montón para que espere su turno. No obstante, llega el verano, y esos libros que hemos acaparado durante el invierno no nos apetece leerlos, así que compramos otro que en este momento nos atrae más. Conclusión: los libros no desaparecen de las librerías, así que mejor ir comprándolos a medida que los leemos. Y eso lo podemos aplicar a todo. Como los productos electrónicos.

Estamos en una sociedad en la que, aunque no compremos, los objetos se nos pueden acumular igual. Resulta que los tarros del yogur vienen decorados de tal forma que nos da no sé qué tirarlos, la caja del regalo es tan bonita como el propio obsequio, el jabón del hotel nos resulta imposible no llevárnoslo… Pensemos que todo lo que acopiamos lo vamos metiendo en una especie de mochila imaginaria y quizá el peso que sintamos nos disuada de nuestro comportamiento recolector. Descarguemos todo lo que podamos nuestra mochila, soltemos lastre y nos sentiremos más livianos.

Jenny Moix  en El Pais

IR DE PASO







Cuentan que un viajero fue a visitar a un sabio maestro. 

Su humilde morada se encontraba prácticamente vacía; solamente tenía una cama, un cuenco para la comida y poco más. 

El visitante observó sorprendido esa austeridad y le preguntó: 

-¿Cómo es que vive con tan poco?. 

A lo que el sabio respondió: 

-Tú también vas con una pequeña mochila . 

Ante estas palabras, el viajero alegó: 

-Pero es que yo estoy viajando, sólo estoy de paso.

Y el sabio maestro concluyó:

-Yo también.


(Autor desconocido)

LA AMAPOLA


Érase una vez una amapola que crecía  muy cerca de un camino, desde su posición podía desplegar toda la fuerza de su rojo y radiarla hacia los transeúntes, era imposible no fijarse en ella. Sus pétalos danzaban con la suave brisa, llenando de música inaudible el campo. La gente se paraba a mirarla y su belleza les hacía sentir más libres.

CÓMO QUITAR EL DOLOR DE CABEZA


Presiona ESTOS puntos de tu cuerpo y como por magia tu dolor de cabeza desaparecerá

Pocas cosas pueden desestabilizarnos tanto como el dolor de cabeza, no obstante, la tradición de la medicina occidental nos enseñó que ante cada dolor hay un medicamento y la mayoría de las veces recurrimos a analgésicos para hacer desaparecer el dolor. No obstante, dentro de la tradición médica china, los dolores tienen una causa orgánica y espiritual, aquí te vamos a dar algunas pistas de lo que estas prácticas milenarias pueden hacer por ti.

OBSERVACION SIN JUICIOS



Generalmente se considera observación a estar atento a algo, por ejemplo, ver pasar la gente por la calle desde una ventana. Esta no es la observación que mencionamos.

La observación entendida como "observar algo" suele estar acompañada por pensar acerca de eso que se observa.

CONFLICTOS CON LA PAREJA. Hablando con Zhao Laoshi




Huan Ji estaba preocupado. Aquella mañana, no conseguía centrarse en los ejercicios. Los repetía, maquinalmente, pero sin entrar en ellos. En el primer descanso que hicieron, aprovechó para obtener consejo de su maestro: